La crisis existencial de Israel

El conflicto Israelí- Palestino resurge permanentemente en el imaginario colectivo, y no es ningún misterio el por qué despierta emociones tan duraderas. Después de todo, es uno de los ejes centrales para impulsar el proceso de paz en Medio Oriente y el mundo.  

El Internet está inundado de información, tanto real como falsa, noticias e incluso memes sobre lo que está sucediendo en éste pequeño pero codiciado territorio, por lo tanto, es seguro afirmar que la mayor parte del mundo al menos tiene una leve idea del motivo detrás de éste legendario conflicto. Pero para resumirlo de manera muy concentrada, el territorio que hoy constituye Israel, previamente Palestina, fue declarado como Estado Judío después de la Segunda Guerra Mundial. La extendida persecución y exterminio de más de 6 millones de judíos europeos fue un factor determinante en el decreto británico de aceptar la fundación de un estado con condiciones tan especiales, sin embargo, nadie le preguntó a la población palestina si estaba de acuerdo.

Imagina vivir tranquilamente en tu pequeña casa en Jerusalem, lugar que perteneció a tu familia durante varias generaciones, pero casi de un día para otro, se funda un nuevo Estado que no te toma en cuenta para nada y además te expulsa de tu casa a la fuerza. De repente, te ves obligado a defender lo poco que tienes, solo para encontrarte con el hecho de que tu oponente está mucho mejor armado y equipado que tú. Así inició un ciclo de violencia que continúa destruyendo familias en ambos bandos y generando numerosas guerras civiles, desde 1948 hasta 2005, cuando se produjo la última Intifada.  

Entonces, después de más de medio siglo de violencia inconsciente, cientos de miles de muertes y varios intentos de algún tipo de acuerdo, creo que es absolutamente necesario empezar a discutir opciones de paz que sean viables y posibles. Como una nueva inmigrante que vive, trabaja y hasta se beneficia del Estado Judío, pero empatiza profundamente con la causa palestina, me rehúso a seguir ahondando en el problema sin delinear posibles soluciones.

Básicamente existen dos soluciones viables para resolver el conflicto Palestino Israelí, y antes de profundizar en ellas, es importante recalcar que ambas requieren la anulación de grupos extremistas, tanto judíos como palestinos. En el lado israelí existen varios políticos de extrema derecha y líderes religiosos que no tienen el mínimo interés en buscar la paz y además aseguran que continuar la guerra es su mandato divino. Por otro lado, los líderes palestinos que reciben financiamiento millonario, tanto de Israel como de varios países árabes, mantienen a su población controlada, sin necesidades básicas y en extrema precariedad, manipulados con agendas religiosas para morir por una causa que no se beneficiará con su sacrificio. Es seguro afirmar que, en ambos extremos del espectro, el factor religioso es fundamental e incluso se habla de una “guerra sagrada” por paradójico que esto parezca. 

De cualquier manera, vamos al meollo del asunto. La primera alternativa para la paz sería la Solución de dos Estados, creada por la Comisión Peel en 1937 y ratificada en 1947 por Naciones Unidas. Ésta solución involucra una clara división de dos estados separados con Jerusalem como área de control internacional.

Al vivir en Israel, es inevitable darse cuenta de que la gente solo busca paz y algo de estabilidad, pero para que ésta solución funcione en la vida real, Israel tendría que retirarse de varios territorios que hoy son habitados por judíos pero que originalmente fueron destinados para la población palestina, y claro, ceder Jerusalem a control internacional no está en la agenda de ningún político israelí, eso lo puedo asegurar.

También es necesario asumir que en caso de que ésta solución se convierta en una realidad, Palestina recibiría ayuda monetaria de todo el mundo, y me atrevo a afirmar que sería justo multar a Israel por los daños perpetuados hasta ahora…pero (y aquí es donde se dónde complicado), también sería extremadamente importante que el pueblo palestino cuente con un gobierno que invierta en infraestructura, servicios básicos, salud y educación, en vez de destinar todos sus recursos a perpetuar la guerra; como ha venido sucediendo hasta ahora.

La segunda opción de paz, sería convertir a Israel en un estado Bi-Nacional. Alternativa presentada por partidos israelíes de izquierda y avalada por intelectuales palestinos.

Un estado Bi-Nacional significa que Israel absorbería el territorio Palestino, otorgando igualdad de derechos y condiciones para todos los habitantes. Éste es un paisaje verdaderamente idílico, todos dándose las manos y compartiendo humus en perfecta armonía. Todo muy lindo, hasta que la población judía se dé cuenta de que en realidad es minoría y su representación parlamentaria disminuya considerablemente, llevándose casi todo su poder de decisión en el gobierno.

Algunos discuten la posibilidad de crear un Estado Bi Nacional en el que la población palestina reciba todos los derechos de un ciudadano israelí, excepto el derecho a votar. Y ésta es una idea muy peligrosa, porque consiste en crear un estado con ciudadanos de segunda clase, discriminados por no profesar una determinada religión. Sería como volver al oscurantismo.

Entonces, como lo veo, Israel se enfrenta a una gran crisis existencial. Por un lado, podría continuar como un Estado Judío que oprime a palestinos o puede convertirse en un Estado realmente democrático y laico, que tal vez tenga mayor oportunidad de llevarse bien con sus vecinos. Muchas imágenes vienen a la mente cuando pensamos en el costo social de éste conflicto, madres que han perdido a sus hijos, familias irremediablemente incompletas, comunidades, barrios, casas y lugares sagrados convertidos en escombros.

Como judía, me parece triste y humillante reconocer cuan poco hemos aprendido de nuestra propia historia. Después de haber sufrido persecuciones, discriminación y duelo durante siglos por nuestra religión, finalmente fundamos un Estado propio y ¿Empezamos a discriminar a otros?

Llegó la hora de retirar los escombros y empezar a reconstruir las relaciones con el otro, siempre basados en el respeto y teniendo en cuenta de que la paz no empieza con agendas políticas o reuniones presidenciales, sino empieza cuando nos damos cuenta de que en realidad lo que nos une es mucho más grande que lo que nos divide.

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