Reencarnación en la filosofía griega

La muerte es parte integral de la naturaleza humana, y es lógico cuestionarnos cuál es nuestro destino después de la vida como la conocemos. Desde religiones ancestrales hasta líderes de cultos New Age han adoptado a la reencarnación como una posible explicación para lo que sucede cuando nuestro cuerpo muere. Pero me parece bastante curioso el hecho de que varios filósofos griegos influyentes, empeñados en deshacerse del pensamiento mitológico de su época y precursores de la ciencia, también encuentren sentido y hasta muestren cierta fascinación por ésta teoría.

En primer lugar, es importante definir la reencarnación o metempsicosis. Ésta teoría supone la existencia de un alma, espíritu o energía vital indestructible. Cuando nuestro cuerpo físico muere, la energía que habita dentro de él, continúa existiendo para eventualmente volver “encarnar” en un nuevo cuerpo, en función a los méritos alcanzados en la vida anterior.

Para entender cómo surgió la idea de la reencarnación en Grecia, es necesario mencionar a los Órficos, precursores de los primeros filósofos, que al atreverse a cuestionar la religión, mitología y forma de vida de la Antigua Grecia desde el año 600 a.C influyen en el pensamiento de varias generaciones de pensadores. Ellos toman un estilo de vida bastante parecido al de un monje budista, esencialmente ascético y con estrictas prohibiciones alimentarias; pero con un fuerte énfasis en el estudio de música y matemática. Con respecto a la reencarnación, éste grupo afirmaba que las almas están condenadas a reencarnar hasta que alcancen la purificación y la perfección.

Los órficos tuvieron una marcada influencia en Pitágoras, uno de los filósofos más influyentes de su época, conocido como el padre de la matemática pura, astrónomo, músico e incluso creador del término “filosofía” como amor a la sabiduría. Pitágoras aseguraba la existencia e inmortalidad del alma humana que vivía bajo la esclavitud de nuestro cuerpo y solo podía salvarse mediante el conocimiento de lo sagrado y el ascetum (ascetismo).

Nada perece en el Universo; todo cuanto acontece en él no pasa de meras transformaciones

Pitágoras

Después tenemos a Sócrates, que hasta el día de hoy es reconocido como uno de los hombres más sabios del mundo. Pasó la mayor parte de su vida dedicándose a encontrar la verdad sobre cuestiones éticas y morales a través de preguntas que podían desestructurar hasta el más fuerte de los argumentos, para eventualmente morir ejecutado por “corromper a los jóvenes”. Como uno de los primeros racionalistas, rara vez afirmaba algo como verdadero. Sin embargo, se sabe que estaba seguro de la existencia de un alma inmortal y mantuvo la reencarnación como una posibilidad. 

Todavía puedo añadir nuevas razones para convenceros de que la muerte no es una desgracia, sino una ventura. Una de dos: o bien la muerte nos deja reducidos a la nada, sin posibilidad de ningún tipo de sensación, o bien, simplemente se trata de un cambio o mudanza del alma de este lugar hacia otro

Sócrates

Platón fue el primer gran filósofo griego que pudo conceptualizar, madurar y transmitir sus ideas, además de ser el fundador de la primera Academia. Él nos habla de un mundo inteligible, abstracto y superior, el mundo de las ideas. Es un lugar perfecto e inmutable (podríamos llamarlo una dimensión superior) en el que, según Platón, existe un determinado número de almas que cambian de forma, obligadas a reencarnarse en el Universo del Ser en un cuerpo diferente, según las lecciones aprendidas durante su vida anterior.  

Una vez iniciadas en éste proceso, están condenadas a reencarnarse una y otra vez hasta llegar a un estado de contemplación que les permita recordar las lecciones de su vida pasada.

Es ley del Destino que el alma que contempla algunas de tales verdades quede exenta de males hasta la próxima vez en el curso de las esferas, y si persiste en su vuelo, se liberará para siempre. Pero si por funesta inhabilidad dejara de contemplarlas y la embargaran el olvido y el extravío, perdiendo sus alas y cayendo a tierra, no iría en primera instancia al cuerpo de un animal, sino que el alma que más se acercó a la contemplación caerá en el cuerpo de un hombre que se transformará en filósofo o amante de la belleza…

Es evidente el paralelismo del pensamiento de Platón con la creencia de la rueda del Samsara.

La rueda del Samsara es una creencia adoptada por el hinduismo, budismo, jainismo, los rosacruces y varias otras religiones. Proviene de la palabra sánscrita “Samsari” (संसार), que significa ir, seguir, mover; básicamente nos ilustra el ciclo de nacimiento, vida y muerte que se mueve según el Karma o Dharma de cada alma.

El concepto de “Dharma” viene de una palabra sánscrita que significa conducta piadosa o correcta, son las acciones “positivas” que se realizan en la vida. El Karma gobierna la fuerza de la naturaleza, podríamos llamarla una interpretación energética de la Ley de Causa y Efecto que nos indica la relación de cada acción con una causa que lo provoca y un efecto que lo procede.

En éste proceso de “llegar a ser” existe la posibilidad de evolución, pero también la de involución. Platón parece basar parte de su pensamiento en ésta noción cuando nos habla del “alma tripartita”. En primer lugar, recalca la constitución triple del ser humano (espíritu, alma y cuerpo) y luego nos indica que nuestras almas constan de tres partes: el alma inteligente o racional que es inmortal y se encuentra físicamente en el cerebro, el alma pasional que es la fuente de nuestras emociones y está ubicada en el tórax; y la fuente de nuestras pasiones innobles que está ubicada en el abdomen.

Según Platón, el alma racional es la parte superior de la evolución humana ya que nos permitiría alcanzar la verdad y nos faculta para el conocimiento del bien y el mal. Cabe mencionar que Platón divide las “clases” de almas y cada una le asigna un rol en la sociedad, lo cual pudo haber tenido más sentido en su época, pero hoy en día, nos quedaremos simplemente con el hecho de que dentro nuestro tenemos todas las clases de almas, y actuamos desde cada una de ellas en momentos determinados.

Los filósofos griegos reconciliaron el conocimiento ancestral con el nacimiento de la ciencia, encontraron explicaciones lógicas para fenómenos antes percibidos como designios divinos, sin perder la espiritualidad dentro de su pensamiento.

Por otro lado, la mente moderna se ha enfocado en divisiones conceptuales, filosóficas, ideológicas, sociales, religiosas, políticas e intelectuales; por lo cual me parece extremadamente importante encontrar elementos unificadores, entre la religión y la filosofía; por ejemplo, como lo es la reencarnación.

Estoy segura de que Pitágoras estaría de acuerdo cuando digo que la ciencia y la espiritualidad no son antagónicas, sino que de hecho son complementarias para formar una visión más amplia de la realidad y ambas son aspectos esenciales de la naturaleza humana.

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